Tan débil, tan susceptible a dejarse arrastrar por una corriente que sólo desprecia y cuestiona por incapacidad, más que por convencimiento, traicionando sus justificaciones.
Y es comprensible, y es que somos los monos perdidos, lanzados de la manada a la selva hostil, quedamos aislados, desesperados y solitarios, es nuestro destino buscar toda la vida el retorno a casa, aunque en el camino pretendamos engañarnos queriendo amar el exilio, pretendiendo llamar al desierto nuestro hogar...
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